Fecha 26/12/2003

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William Wordsworth
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El preludio
William Wordsworth

Ed. Bel Atreides. DVD. Barcelona, 2003. 635 págs, 28’90 euros

Durante bastantes años la crítica ha querido diferenciar –con algo de razón y cierto equívoco– al menos dos romanticismos. El más vistoso e influyente lo representaron Byron y Shelley y más tarde –post mortem– Keats.

La rama alemana –más teórica– confluiría con los ingleses lakistas (Wordsworth, Coleridge y Robert Southe). Con Baladas líricas (1798) firmadas por los dos primeros, y con sus escritos poéticos y críticos fueron ellos lo más profundo del romanticismo inglés. Coleridge pasará a la historia como un gran poeta y un estupendo intelectual al que el opio fue lentamente anulando. Por lo que el gran poeta (junto a Keats y Shelley) vino a ser Wordsworth, quien no sería reconocido como tal sino ya entrada su madurez, en los primeros tiempos de la era victoriana. Wordsworth (1770-1850) según Thomas de Quincey, no era un intelectual –como Coleridge– sino un poeta en estado puro. Alguien a quien la divinidad (fuere lo que fuere) ha ungido con su dedo, revelándole su secreta felicidad, cuando el joven William vivía en contacto con la naturaleza y ascendía a los montes entendiendo que esa comunión con lo natural le transformaba.

En ese estado de poeta en gracia, de ser alado y platónico que encuentra la felicidad en la poesía es como Wodsworth escribió la primera y más breve versión de El Preludio en 1799, para algunos la genuinamente romántica. Sin embargo junto al poeta puro, había también en Wordsworth (como en Blake) un poeta filosófo que soñaba con hacer un gran poema que diese cuenta de su evolución intelectual y del sentido del mundo. El Gran Poema Filosófico, como dice –con mayúsculas– el prologuista de esta edición. Y ese poema (aunque hubo otros proyectos) concluyó siendo también El Preludio, singularmente el de la tercera versión (la de 1805, en trece libros), que muchos años después acabaría convirtiéndose en la última obra de un hombre ya célebre y celebrado, El Preludio de 1850, publicado apenas unos meses después de su muerte.

No sé si ese Preludio (el ahora cuidadosamente traducido en edición bilingüe) gustará a todos más que la breve versión –en dos partes– de 1799, ya traducida entre nosotros. Me parece muy cabal y serio el trabajo realizado por Bel Atreides. El didactismo lo deja en apéndice: abundantes notas, cronología y hasta portales en internet sobre el gran romántico. El prólogo es mucho más literario y muy atinada la visión de Wordsworth. En El Preludio empieza lo mejor de la poesía moderna: un lenguaje coloquial y antiretórico (comparado con lo anterior) que busca entender el sentido del mundo y de la vida desde el propio individuo. De ahí el título completo: El Preludio o El crecimiento de la mente de un poeta. Un poema autobiográfico. Sin embargo ¿no seguirán muchos optando por el joven y apasionado romántico mejor que por el victoriano conservador del final? Hay que escoger. O quizá no.

Luis Antonio DE VILLENA

 
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