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semana del 5 al 11 de diciembre de 2003
 


Sólo uno


«El Preludio»
 Editorial DVD
 635 páginas. 28 euros

Toni MONTESINOS
En 1834, en plena decadencia familiar y económica, arrastrando su fecunda adicción al opio, a Thomas de Quincey se le ocurre que podría ganar un buen dinero hablando de los escritores con los que había convivido tanto tiempo. Así, publica un texto sobre Coleridge, que acaba de morir, y comprobando el interés que suscita la intimidad de personalidades tan ilustres, se lanza a escribir acerca de Robert Southey y, especialmente, de Wordsworth. El libro que logra componer, «Memoria de los poetas de los Lagos» (Pre-Textos, 2003), viene ahora a cuento al mostrar una visión parcial (de 1807 a 1821), entre hiriente y admirada, de lo que ahora descubrimos en su profunda plenitud poética y sentimental gracias a «El preludio». Y ello no es otra cosa que la existencia en clave autobiográfica, mediante ocho mil endecasílabos blancos divididos en catorce libros, del que es según Harold Bloom el inventor de la poesía moderna, por cuanto hace «tabla rasa de la poesía» llenándola con «la memoria del yo». Wordsworth pone a la misma altura la confesión íntima y la reflexión espiritual pero, como dice el crítico de «El canon occidental», el poeta sufre «chochez poética» desde 1807 hasta su muerte, «la agonía más larga de un gran genio poético en toda la historia». Por esas fechas, parte de «El Preludio o El crecimiento de la mente de un poeta», ya estaba escrita, e incluso se había publicado fragmentariamente tres veces (la última en 1805), aunque sólo vería la luz completo de manera póstuma. Bel Atreides detalla los avatares de la concepción y escritura del poema, comparando a Wordsworth con el otro poeta-profeta de la época, Blake, además de aludir a la influyente cercanía de Coleridge. «El autor ha encontrado el gozo en explorar poéticamente su memoria, en reconstruir teleológicamente su pasado», dice el traductor, que ha conseguido la hazaña de adaptar al español, con notable ritmo y tono poéticos, la aparente sencillez con la que Wordsworth rememoró su infancia y adolescencia.
   Desde que William Hazlitt, contemporáneo de Wordsworth, señaló la búsqueda de lo sublime por parte del poeta de Grasmere ¬«Las reflexiones son profundas, acordes con la gravedad y las aspiraciones de su mente», afirmaba¬, el romanticismo inglés inicial se ha descrito como la estética que atiende tanto al sentimiento como al pensamiento. En el caso de Wordsworth, en «El Preludio», pero también en «The Excursion», donde poetiza las impresiones de un autor retirado, esta máxima se hace transparente. No hay arrebatamiento, sino el templado desasosiego del hombre que no quiere alejarse de la Naturaleza, y exclama: «¿Sabiduría y Espíritu del universo!» (verso 401), pues en Ella se cifra la esperanza de la humanidad.
   

 
 



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